Borrador de Rosas a Estanislao Lopez
Buenos Aires, 22 de febrero de 1832.
Me dice usted también que terminada la guerra
es ya preciso pensar sobre el destino del General Paz. ¿Cuál la razón fuerte
para creer que Lavalle y los demás Jefes de la unidad que han emigrado a la
República Oriental y a Bolivia, abandonen sus pretensiones de dominar la
nuestra y hacernos la víctima de su furor y venganza?
Si hemos de afianzar la paz de la República,
si hemos de dar respetabilidad a las leyes y a las autoridades legítimamente
constituidas, si hemos de restablecer la moral pública y reparar las quiebras
que ha sufrido nuestra opinión entre las Naciones extranjeras y garantir ante
ellas la estabilidad de nuestros Gobiernos, en una palabra, si hemos de tener
Patria, es necesario que el General Paz muera.1 En el estado incierto y como
vacilante en que nos hallamos, ¿qué seguridad tenemos que viviendo el General
Paz no llegue alguna vez a mandar en nuestra. República? ¿Y si aquéllo
sucediese, no sería un oprobio para los Argentinos? Fuera de que nuestros hijos
y descendientes que vean algún día vivir a Paz tranquilamente entre nosotros, y
que oigan la historia de los horrorosos desastres que ha causado en todos los
Pueblos, o deberán familiarizarse con la idea de los más grandes crímenes, o
nos reputarán como unos hombres inmorales, o imbéciles, que no supimos valorar
la magnitud de tan espantoso crimen.
También es preciso tener presente que si no se
despliega de este modo la justicia contra el General Paz no podemos menos que
aparecer injustos con respecto a sus secuaces. El delito de éstos es como un
átomo en comparación del que ha cometido aquel General. Si a él se le perdona
la vida, casi no hay pena de alguna consideración que pueda imponerse a los demás,
y sin embargo, algunos de ellos han sido fusilados. Resultará pues, de
cualquiera indulgencia que se guarde a este respecto, que será necesario poner
poco menos que en libertad a los que viven y que seamos considerados como
injustos hacia los que han sido muertos, tanto en estas provincias como en las
del interior.
Sin embargo de esto usted meditará lo que crea
más conveniente, pero considero que antes de tomar cualquiera resolución,
debemos para ella ponernos de acuerdo con el General Quiroga.
Sin embargo que antes de ahora he opinado por
que se le conserve la vida, pensando después más detenidamente sobre este
importante negocio, considerando el aspecto que ha pre-. sentado ante las
naciones, y la opinión que tienen formada los hombres pensadores, dentro y
fuera del país, del gran peligro que corre esta República si no se toman
medidas fuertes y eficaces para aterrar a los anarquistas e inspirar por este
medio seguridad y confianza a la parte sana de los Pueblos, he variado de
opinión, y como que...


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